No considero que sea necesario tener los mismos gustos o aficiones que otro para que sea nuestro amigo o pareja. De hecho, compartir ciertos ámbitos y que eso dé lugar a un vínculo puede llegar a confundirnos.
Porque que alguien estudie lo mismo que nosotros o tenga algún hobby, trabajo o pasión similar no implica, necesariamente, que tengamos mucho más en común (a veces sucede y otra, no). Y la admiración o las ganas de compartir algo central en nuestra vida con alguien más puede llegar a volvernos vulnerables y a nublar nuestro buen juicio con respecto a todo lo demás, que es lo que a la larga afianzará, sostendrá y permitirá que crezca la relación.
A mi criterio, hay afinidades más importantes a tener en cuenta en el momento de aceptar o de buscar una amistad, o de permitir que comience a gestarse un vínculo amoroso:
- Descubrir que el otro es una buena persona, merecedora de nuestro cariño y confianza.
- Ver con claridad de qué manera se desempeña en aquello que nos ha unido primigeniamente, para tener un espectro más amplio de su personalidad (por ejemplo: ¿es demasiado competitivo? ¿Intenta que también avancemos o prefiere que nos quedemos estancados y contemplemos sus logros a la distancia, desde una posición inferior? ¿Trata que abandonemos esa práctica o la incentiva? ¿Nos descalifica o abona el terreno para que avancemos?)
- Darnos cuenta de que podemos confiar en él/ella y que contamos con su apoyo, principalmente, en asuntos de relevancia (tales como familia, trabajo, salud o los que consideremos fundamentales).
- Tener los mismos valores.
Si a todas estas variables le sumamos una afinidad intelectual, deportiva, artística o de otra índole, ¡mucho mejor! Pero enfoquémonos siempre en lo que realmente es importante y valioso para nosotros.





0 comentarios